jueves, 14 de agosto de 2014

Acción sorpresa de la Plataforma 22M en el Starlite de Marbella (13-8-2014)



(Artículo procedente del blog del 15M Marbella-STOP Desahucios)

El miedo ha cambiado de bando. Los privilegiados deben darse cuenta de que el pueblo ya está harto y que no nos vamos a callar. Esa sensación de impunidad que tiene toda esta morralla de oligarcas debe desaparecer. La Plataforma de las Marchas de la Dignidad 22M Marbella-San Pedro Alcántara (formada por 15M Marbella-STOP Desahucios, CUT Marbella, IULV-CA Marbella-San Pedro Alcántara, SAT Marbella y U3R) ha luchado y sigue luchando para crear poder popular que destruya el sistema que nos oprime. Una vez más, Julio Iglesias, el "cantante" símbolo de la derecha fascista española, vino a Marbella el 13 de agosto al Starlite (la cantera de Nagüeles) para deleitar a millonarios sin escrúpulos, a banqueros asesinos, a terratenientes caciques, a borbónes endogámicos, a presidentes de clubs de "furbo" y a políticos peperos corruptos. Entre la escoria presente estaba nuestro ex-presidente genocida José María Aznar y su esposa, la no-electa alcaldesa de Madrid Ana a relaxing cup of cafe con leche in plaza mayor.

 

Pero este año, tal como ocurrió el año pasado, el 15M Marbella-STOP Desahucios, integrada en la Plataforma Marchas de la Dignidad 22M Marbella-San Pedro, realizó una acción sorpresa a las puertas del Starlite, para denunciar la explotación que sufre el pueblo de Marbella a manos de una minoría de ricos empresarios y banqueros, que gozan de toda una serie de lujos y privilegios a costa de la merma de los derechos del pueblo trabajador de Marbella. Una veintena de activistas se concentraron en las puertas del Starlite, y lanzaron consignas reivindicativas a los asistentes al concierto de Julio Iglesias. Aunque toda la acción transcurrió sin ningún incidente, la policía hizo acto de presencia y tomó los datos a uno de los manifestantes. Las condiciones laborales de los trabajadores del Starlite es fiel reflejo de la realidad del pueblo trabajador de nuestro municipio: 27 despidos en 15 días, horas extras sin remunerar, condiciones asfixiantes, jornadas que teóricamente debían ser de 40 horas semanales pero que en realidad son de hasta a 70 horas semanales, sueldos de miseria, etc. La idea que intenta trasmitir la derecha de que el turismo "de calidad" enriquece al pueblo trabajador de Marbella es falsa: actualmente (en temporada alta) hay más de 15.000 desempleados/as en el municipio. De los puestos de trabajo creados, el 93% son contratos temporales, es decir, que en cuanto acabe el verano, el trabajador o trabajadora volverá al paro. Y las condiciones laborales son casi inexistentes, con jornadas laborales de más de 12 horas en el sector hostelero.

Con esta acción en el Starlite de Marbella, la Plataforma 22M Marbella-San Pedro quiere denunciar la hipócrita y falsa imagen que se tiene de Marbella en el resto del estado español, una imagen falsa de lujo desmesurado, la imagen de la jet-set, la de la paz social donde los ricos y los pobres están en su justo sitio. Pero la verdad es otra: en Marbella el lujo y el glamour de cartón-piedra oculta las miserias del pueblo trabajador de Marbella: miles de desempleados/as; miles de afectados por la hipoteca y desahuciados que en su mayor parte guardan silencio por vergüenza; personas sin techo obligadas a dormir en la calle o en la estación de autobuses; familias sin recursos económicos que para comer deben ir a comedores sociales. Un municipio donde la corrupción, la represión, la explotación, el fascismo y la injusticia social están institucionalizadas por el ayuntamiento PePero de Marbella de Mª Ángeles Muñoz . Una ciudad donde el ayuntamiento quiere construir estaciones de autobuses junto a colegios públicos de infantil y primaria; donde se destruyen las zonas verdes del municipio con la tala masiva de árboles, por motivos urbanísticos; donde la alcaldesa arrebata 300.000m2 a Marbella en beneficio propio y en beneficio de la derecha de Benahavís; donde los cables de alta tensión están encima de colegios públicos; donde el tribunal de cuentas de Andalucía ha detectado numerosas irregularidades en las cuentas del ayuntamiento de Marbella; un ayuntamiento que quiere que se hagan prospecciones de hidrocarburos en la Costa del Sol, vendiendo nuestros mares a Repsol; un ayuntamiento que utiliza dinero público para crear "planes de empleo" que consolidan el caciquismo y el clientelismo; una alcaldesa que hace operaciones millonarias en paraísos fiscales como Luxembrugo; un ayuntamiento que tapa el caso Malaya, ya que se niega a hacer un censo público de los bienes que se recuperen tras la sentencia; una ciudad donde se impone multas de 2.000 y 2.500 euros a manifestantes pacíficos; y un largo etcétera de opresión para los trabajadores y trabajadoras del municipio.

Democracia no es votar cada cuatro años. No hay que esperar a unas elecciones para cambiar las cosas. Debemos atacar al sistema que nos oprime aquí y ahora, con acciones directas, con desobediencia civil, organizando y concienciando al pueblo trabajador. Que nada nos aleje de la lucha en la calle, ya que la Revolución no está en las instituciones, sino, sobre todo, en la calle. El 15M, STOP Desahucios, la PAH y la Plataforma de las Marchas de la Dignidad 22M demostraron que SÍ SE PUEDE y nos enseñaron (y nos siguen enseñando) que las instituciones son algo secundario que no pueden centrar toda nuestra atención. LUCHANDO, CREANDO, PODER POPULAR!!!






La acción ha sido publicada en los periódicos digitales Marbella 24 horas y La Noción. 

viernes, 8 de agosto de 2014

La incompatibilidad de la democracia burguesa y la democracia obrera. “La revolución proletaria y el renegado Kautsky” de Lenin (Noviembre de 1918).


“Kautsky no comprende esta verdad, inteligible y evidente para todo trabajador, porque "ha olvidado", "ha perdido la costumbre" de preguntar: ¿democracia para qué clase? Él razona desde el punto de vista de la democracia "pura" (¿es decir, sin clases? ¿o por encima de las clases?) (Lenin, “La Revolución proletaria y el renegado Kaustky” pg 17, edición digital pg web CJC (old.cjc.es)

1. La dictadura del proletariado y el autoritarismo implícito de las revoluciones.

La ideología dominante es la de la clase dominante. Los valores morales que imperan en la actualidad defienden, en última instancia, a la burguesía. El pseudo-humanismo negador de todo tipo de violencia o autoridad (ajena al poder establecido, por supuesto) es imperante en la clase trabajadora. No obstante, el Estado SÍ puede ser violento y autoritario, ya que vela por valores abstractos como “el bien común”, “el país”, “la patria” o “la constitución”, y que indefectiblemente se reducen a la defensa de los intereses de la burguesía (banqueros y grandes empresarios). No obstante, una revolución obrera, hecha por trabajadores y para trabajadores, violenta y autoritaria (porque la burguesía no permite otro camino) resulta totalmente inaceptable desde el punto de vista de esos valores morales “abstractos”.

Karl Johann Kautsky (Praga, 18 de octubre de 1854-Ámsterdam, 17 de octubre de 1938), jefe ideológico de la II Internacional, eminente marxista que acabó sus días al servicio de la burguesía debido a la incomprensión de la situación concreta, escribió en 1918 el folleto  “La dictadura del proletariado” realizando una crítica oportunista y destructiva a la dictadura del proletariado impuesta a la burguesía y a los terratenientes rusos por los sóviets de obreros, campesinos y soldados de Rusia. En ese folleto, Kautsky clama por la democracia, por la constitución, por la defensa de las minorías, por la legalidad de los parlamentos, por los derechos de la clase burguesa. En definitiva, Kautsky ataca de manera directa a la primera revolución proletaria triunfante de la historia de la humanidad. La respuesta de Lenin no se hizo esperar. Ése es el objeto de su obra “La revolución proletaria y el renegado Kautsky”.

Para empezar, Kautsky “olvidó” la famosa cita de Engels sobre el autoritarismo en las revoluciones (grave fallo en alguien que se considera marxista):

 “Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado político, y con él la autoridad política, desaparecerán como consecuencia de la próxima revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas, llamadas a velar por los verdaderos intereses sociales. Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella? Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción.” (Federico Engels, “De la autoridad” edición digital www.marxists.org)

2. No existe la “democracia pura”: existe la democracia de la clase burguesa.

Bajo el sistema capitalista, no existe la democracia verdadera, y bajo las reglas burguesas, es imposible alcanzar una verdadera democracia, ya que tales reglas están creadas para el mantenimiento en el poder de una clase social determinada. Y volvemos al debate eterno: reforma o revolución. El capitalismo no puede reformarse, no se le puede dotar de reglas para hacerlo más humano y más justo. La esencia del capitalismo es la apropiación de la plusvalía y el carácter privado de los medios de producción. En períodos revolucionarios, banqueros y grandes empresarios  podrán abrir la mano ante el miedo de la pérdida total del control, y podrán hacer concesiones limitadas con el objetivo de retomar el control de la situación cuando las condiciones objetivas les sean propicias.

Por eso, alcanzar la verdadera democracia conlleva luchar contra la “democracia” del sistema capitalista, la “democracia” de banqueros y grandes empresarios. Desgraciadamente, cuando la persona que quiere un mundo mejor acepta, explícita o tácitamente, las reglas del sistema capitalista (y sus propios códigos morales, que son los  de la clase dominante) estableciendo como propio un campo de batalla, un lenguaje y una táctica que no es la de su clase social, ya ha sido derrotado de antemano.

“Kautsky toma del marxismo lo que los liberales admiten, lo que admite la burguesía (la crítica del medievo, el papel progresivo que desempeñan en la historia el capitalismo en general y la democracia capitalista en particular) y arroja por la borda, calla y oculta en el marxismo lo que es inadmisible para la burguesía (la violencia revolucionaria del proletariado contra la burguesía para aniquilar a ésta). Por ello, dada su posición objetiva, sea cual fuere su convicción subjetiva, Kautsky resulta ser inevitablemente un lacayo de la burguesía.  La democracia burguesa, que constituye un gran progreso histórico en comparación con el medievo, sigue siendo siempre -- y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo -- estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres. Esta verdad, que figura entre lo más esencial de la doctrina marxista, no la ha comprendido el "marxista" Kautsky. En este problema -- fundamental -- Kautsky ofrece "cosas del gusto" de la burguesía, en lugar de una crítica científica de las condiciones que hacen de toda democracia burguesa una democracia para los ricos.” (Lenin, op. cit., pg 12)

El parlamentarismo burgués no es la representación de la voluntad popular, sino una mera herramienta de la clase explotadora que proyecta una ilusión de democracia e igualdad. La lucha no es dominar la herramienta de dominación de la burguesía bajo el sistema capitalista, sino denunciar su falsedad, su hipocresía y su inutilidad. Defender el parlamentarismo burgués como herramienta de la destrucción del sistema capitalista, es mantener esa ilusión, falsedad e hipocresía, que sirve única y exclusivamente a la clase dominante.

"Considerad el parlamento burgués. ¿Puede admitirse que el sabio Kautsky no haya oído decir nunca que los parlamentos burgueses están tanto más sometidos a la Bolsa y a los banqueros cuanto más desarrollada está la democracia? Esto no quiere decir que no deba utilizarse el parlamentarismo burgués (y los bolcheviques lo han utilizado quizá con mayor éxito que ningún otro partido del mundo, porque en 1912- 1914 habíamos conquistado toda la curia obrera de la cuarta Duma). Pero sí quiere decir que sólo un liberal puede olvidar, como lo hace Kautsky, el carácter históricamente limitado y condicional que tiene el parlamentarismo burgués. En el más democrático Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre la igualdad formal, proclamada por la "democracia" de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados. Esta contradicción es lo que abre a las masas los ojos ante la podredumbre, la falsedad y la hipocresía del capitalismo. ¡Esta contradicción es la que los agitadores y los propagandistas del socialismo denuncian siempre ante las masas a fin de prepararlas para la revolución! Y cuando ha comenzado una era de revoluciones, Kautsky le vuelve la espalda y se dedica a ensalzar los encantos de la democracia burguesa agonizante.” (Ibíd., pg 14 y 15)

Aceptar los términos (aunque solo sea formalmente) de la burguesía, nos aleja de la lucha revolucionaria de organización y concienciación de la clase obrera.

“Si argumentamos en liberal, tendremos que decir: la mayoría decide y la minoría se somete. Los desobedientes son castigados. Y nada más. No hay por qué hablar del carácter de clase del Estado en general ni de la "democracia pura" en particular; no tiene nada que ver con la cuestión, porque la mayoría es la mayoría y la minoría es la minoría. Una libra de carne es una libra de carne, y nada más.” (Ibíd., pg 18)

¿Se puede despojar del poder de los capitalistas a través de las leyes aprobadas por un parlamento burgués por los más magníficos y bienintencionados prohombres y mujeres que haya dado la clase obrera? Lenin va más allá: incluso tras una revolución proletaria triunfante, con la burguesía, de derecho, defenestrada, el peligro de la restauración capitalista está siempre presente y solo se pude hacer desaparecer con, oh, autoridad y violencia, despojando a la burguesía de sus derechos, es decir, con la dictadura del proletariado.

“Se puede derrotar de golpe a los explotadores con una insurrección victoriosa en la capital o una rebelión de las tropas. Pero, descontando casos muy raros y excepcionales, no se puede hacer desaparecer de golpe a los explotadores. No se puede expropiar de golpe a todos los terratenientes y capitalistas de un país de cierta extensión. Además, la expropiación por sí sola, como acto jurídico o político, no decide, ni mucho menos, el problema, porque es necesario desplazar de hecho a los terratenientes y capitalistas, reemplazarlos de hecho en fábricas y fincas por otra administración, la obrera. No puede haber igualdad entre los explotadores, a los que durante muchas generaciones han distinguido la instrucción, las condiciones de la vida rica y los hábitos adquiridos, y los explotados, que, incluso en las repúblicas burguesas más avanzadas y democráticas, son una masa embrutecida, inculta, ignorante, atemorizada y falta de cohesión. Durante mucho tiempo después de la revolución, los explotadores siguen conservando de hecho, inevitablemente, tremendas ventajas: conservan el dinero (no es posible suprimir el dinero de golpe), algunos que otros bienes muebles, con frecuencia considerables; conservan las relaciones, los hábitos de organización y administración, el conocimiento de todos los "secretos" (costumbres, procedimientos, medios, posibilidades) de la administración; conservan una instrucción más elevada, sus estrechos lazos con el alto personal técnico (que vive y piensa en burgués); conservan (y esto es muy importante) una experiencia infinitamente superior en lo que respecta al arte militar, etc., etc. Si los explotadores son derrotados solamente en un país -- y éste es, naturalmente, el caso típico, pues la revolución simultánea en varios países constituye una rara excepción -- seguirán siendo, no obstante, más fuertes que los explotados, porque sus relaciones internacionales son poderosas. Además, una parte de los explotados, pertenecientes a las masas menos desarrolladas de campesinos medios, artesanos, etc., sigue y puede seguir a los explotadores, como lo han probado hasta ahora todas las revoluciones, incluso la Comuna (porque entre las fuerzas de Versalles había también proletarios, cosa que "ha olvidado" el doctísimo Kautsky).   Por tanto, suponer que en una revolución más o menos seria y profunda la solución del problema depende sencillamente de la relación entre la mayoría y la minoría, es el colmo de la estupidez, el más necio prejuicio de un liberal adocenado, es engañar a las masas, ocultarles una verdad histórica bien establecida. Esta verdad histórica es la siguiente: en toda revolución profunda, lo normal es que los explotadores, que durante bastantes años conservan de hecho sobre los explotados grandes ventajas, opongan una resistencia larga, porfiada y desesperada. Nunca -- a no ser en la fantasía dulzona del melifluo tontaina de Kautsky -- se someten los explotadores a la decisión de la mayoría de los explotados antes de haber puesto a prueba su superioridad en una desesperada batalla final, en una serie de batallas. El paso del capitalismo al comunismo llena toda una época histórica. Mientras esta época histórica no finalice, los explotadores siguen inevitablemente abrigando esperanzas de restauración, esperanzas que se convierten en tentativas de restauración. Después de la primera derrota seria, los explotadores derrocados, que no esperaban su derrocamiento ni creían en él, que no aceptaban ni siquiera la idea de él, se lanzan con energía decuplicada, con pasión furiosa y odio centuplicado a la lucha por la restitución del "paraíso" que les ha sido arrebatado, en defensa de sus familias, que antes disfrutaban de una vida tan dulce y a quienes la "chusma del populacho vil" condena a la ruina y a la miseria (o al "simple" trabajo. . .). Y detrás de los capitalistas explotadores viene arrastrándose una gran masa de pequeña burguesía, de la que decenios de experiencia histórica en todos los países nos dicen que titubea y vacila, que hoy sigue al proletariado y mañana se asusta de las dificultades de la revolución, se deja llevar del pánico ante la primera derrota o semiderrota de los obreros, se pone nerviosa, se agita, lloriquea, se pasa de un campo a otro. . . lo mismo que nuestros mencheviques y eseristas. “(Ibíd., pgs 20 y 21)

Aceptar la lucha de clases es asumir que la lucha entre la burguesía y la clase obrera es a muerte, es decir, la burguesía debe desaparecer para alcanzar el comunismo (esto es, la desaparición del estado y de las clases sociales, de los opresores y de los oprimidos).

"¿Puede mantenerse la democracia para los ricos y los explotadores en un período histórico en que se derriba a los explotadores y su Estado es sustituido por el Estado de los explotados? (…) Lo que es rasgo indispensable, condición imprescindible de la dictadura, es la represión por la fuerza a los explotadores como clase, y, por consiguiente, la violación de la "democracia pura", es decir, de la igualdad y de la libertad en relación con esa clase. (Ibíd., pgs 22)

La cuestión no es controlar simplemente la herramienta de la burguesía, sino controlarla y destruirla progresivamente, sustituyéndola por las herramientas enteramente obreras.

“Decir a los Soviets que luchen, pero que no tomen todo el Poder del Estado en sus manos, que no se transformen en organizaciones de Estado, equivale a predicar la colaboración de clases y la "paz social" entre el proletariado y la burguesía. Es ridículo pensar siquiera que, en una lucha encarnizada, semejante posición pueda conducir a algo que no sea una vergonzosa derrota. El eterno destino de Kautsky es nadar entre dos aguas. Hace como si en teoría no estuviera de acuerdo en nada con los oportunistas, pero de hecho está de acuerdo con ellos, en todo lo esencial (o sea, en todo lo que concierne a la revolución), en la práctica”. (Ibíd., pg 28)

3. La violencia y la guerra: una cuestión de clase.

Las herramientas de control de la burguesía son varias: el Estado, la administración, los cuerpos de seguridad, los cuerpos de espionaje y, por supuesto, la fuerza represora más implacable y brutal, la defensora en última instancia del sistema capitalista: el ejército.

 “Sin "desorganización" del ejército no se ha producido ni puede producirse ninguna gran revolución. Porque el ejército es el instrumento más fosilizado en que se apoya el viejo régimen, el baluarte más pétreo de la disciplina burguesa y de la dominación del capital, del mantenimiento y la formación de la mansedumbre servil y la sumisión de los trabajadores ante el capital. La contrarrevolución no ha tolerado ni pudo tolerar jamás que junto al ejército existieran obreros armados. En Francia -- escribía Engels --, después de cada revolución estaban aún armados los obreros "por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al frente del Estado". Los obreros armados eran germen de un ejército nuevo, la célula orgánica de un nuevo régimen social. Aplastar esta célula, impedir su crecimiento, era el primer mandamiento de la burguesía. El primer mandamiento de toda revolución triunfante -- Marx y Engels lo han subrayado muchas veces -- ha sido deshacer el viejo ejército, disolverlo y reemplazarlo por un ejército nuevo. La clase social nueva que se alza a la conquista del Poder, no ha podido nunca ni ahora puede conseguir ese Poder ni afianzarse en él sin destrozar por completo el antiguo ejército” (Ibíd., pg 44)

Y volvemos al espinoso tema de la violencia: ¿los socialistas deben oponerse a la violencia "en general"?

“El socialismo se opone a la violencia ejercida contra las naciones. Esto es indiscutible. Y el socialismo se opone en general a la violencia ejercida contra los hombres. Sin embargo, exceptuando a los anarquistas cristianos y a los discípulos de Tolstói, nadie ha deducido todavía de ello que el socialismo se oponga a la violencia revolucionaria. Por tanto, hablar de "violencia" en general, sin distinguir las condiciones que diferencian la violencia reaccionaria de la revolucionaria, es equipararse a un filisteo que reniega de la revolución, o bien, sencillamente, engañarse uno mismo y engañar a los demás con sofismas. Lo mismo puede decirse de la violencia ejercida contra las naciones (…) El carácter de clase de una guerra es lo fundamental que se plantea un socialista (si no es un renegado). La guerra imperialista de 1914-1918 es una guerra entre dos grupos de la burguesía imperialista que se disputan el reparto del mundo y del botín, que quieren expoliar y ahogar a las naciones pequeñas y débiles. Así es como definió la guerra el Manifiesto de Basilea en 1912, y los hechos han confirmado su apreciación. El que se aparte de este punto de vista sobre la guerra no es socialista.(…) El socialista, el proletario revolucionario, el internacionalista razona de otra manera: el carácter de la guerra (la guerra es reaccionaria o revolucionaria) no depende de quién haya atacado ni del territorio en que esté el "enemigo", sino de la clase que sostiene la guerra y de la política de la cual es continuación esa guerra. Si se trata de una guerra imperialista reaccionaria, es decir, de una guerra entre dos grupos mundiales de la burguesía reaccionaria imperialista, despótica y expoliadora, toda burguesía (incluso la de un pequeño país) se hace cómplice de la rapiña, y yo, representante del proletariado revolucionario, tengo el deber de preparar la revolución proletaria mundial como única salvación de los horrores de la guerra mundial. No debo razonar desde el punto de vista de "mi" país (porque ésta es la manera de razonar del mesócrata nacionalista, desgraciado cretino que no comprende que es un juguete en manos de la burguesía imperialista), sino desde el punto de vista de mi participación en la preparación, en la propaganda, en el acercamiento de la revolución proletaria mundial.” (Ibíd., pgs 45 y 46)

4. Conclusión.

La reforma se define a sí misma, y ése no es nuestro camino, porque no queremos darle un rostro humano a un sistema económico incapaz de humanizarse (ya que su esencia está en el latrocinio y la explotación de los trabajadores y trabajadoras). Queremos una revolución que destruya el sistema. Por desgracia, no hay revoluciones limpias, a golpe de tecla o a golpe de decreto-ley.

Por un lado, no podemos ser dogmáticos, negar diferentes formas de llegar a ese fin. Pero tampoco podemos ser ingenuos: llegará un punto de inflexión, un punto de no retorno, un punto en el que la burguesía defenderá sus intereses hasta las últimas consecuencias. Negar nuestro derecho a, no solo defendernos, sino a contraatacar para acabar con el sistema, es un acto suicida. La moral imperante es la de nuestros verdugos y la de su sistema explotador. Ese debe ser el mensaje.  Nuestro único camino de triunfo es despojar a esa minoría de explotadores de sus derechos. Es un paso imprescindible para el triunfo de nuestra clase. Dejémonos de prejuicios pequeñoburgueses.
 No podemos convivir con la burguesía, ya que su existencia supone nuestra explotación.

Juanjo Muñoz.

lunes, 21 de julio de 2014

El SAT ocupa la finca militar Las Turquillas (Osuna, 18-7-2014)


Para aquellas personas que quieran construir un mundo mejor, desobedecer las leyes injustas es una obligación moral.

El pasado viernes, 18 de julio, el Sindicato Andaluz de Trabajadores/as realizó una acción sorpresa, para reivindicar el derecho al trabajo digno del pueblo andaluz: 300 jornaleros y sindicalistas del SAT de toda Andalucía ocupamos la finca militar de las Turquillas, para exigir que este latifundio, infrautilizado por los militares (solo una mínima parte se utiliza para la yeguada militar) y fuente de ingresos de subvenciones europeas, sea puesto al servicio de los jornaleros y jornaleras desemplead@s de la comarca, para su cultivo, generando unos puestos de trabajo tan necesarios para la comarca (el paro alcanza más del 40%).









La fecha de esta acción sorpresa no fue casual: un 18 de julio de 1936, las fuerzas militares golpistas de Franco, al servicio de la oligarquía española, se alzaron contra la Segunda República, impidiendo la reforma agraria que demandaba el pueblo andaluz.

La acción comenzó a las 9:30h., cuando Diego Cañamero (portavoz nacional del SAT) comunicó a los agentes de la guardia civil presentes en la puerta que el SAT iba a ocupar pacíficamente la finca de las Turquillas, explicando los motivos de dicha ocupación. Ya dentro de la finca, intentamos hablar con el mando responsable para informarle de la ocupación, y se decidió acampar en la finca hasta que ésta fuera puesta en cultivo. 
































No obstante, las fuerzas de represión del estado hicieron acto de presencia. Miembros del GRS se apostaron en la puerta de la finca, impidiendo el paso a la misma. A las 16:00h. llegó la orden de Madrid de que la finca debía ser desalojada a toda costa, ya que no podían permitir que el ejemplo de desobediencia civil que representa el SAT tuviera éxito y se difundiera.



El SAT decidió abandonar la finca, pero tal como dijo Diego Cañamero: "Nos hemos ido pero tenemos pensadas más acciones para los próximos días. Tenemos que conseguir que esos terrenos, que pertenecen a los militares, se cedan para que sean trabajados por los agricultores de la comarca, que registra un 43% de desempleo". Es la séptima vez que el SAT intenta ocupar estas fincas, pero desde luego, no será la última ni mucho menos.

Al igual que SOMONTE, LAS TURQUILLAS SERÁ PARA EL PUEBLO.






Enlaces de prensa:

LAS MAÑANAS DE CUATRO
CANAL SUR
20 MINUTOS
EUROPA PRESS
PÚBLICO
EL PAÍS




sábado, 19 de julio de 2014

No al genocidio en Gaza. Concentración en Marbella (17-7-2014)



¡BASTA DE ASESINATOS EN PALESTINA!



El pasado jueves, 17 de julio, unas 200 personas nos concentramos en el templete del Parque de la Alameda en apoyo al pueblo palestino y para denunciar el genocidio en Gaza perpetrado por el estado de Israel. La convocatoria fue realizada por diferentes organizaciones progresistas del municipio (15M Marbella-STOP Desahucios, 22M Marchas de la Dignidad, CCOO, CUT, IULV-CA, PCA, PODEMOS, SAT, U3R).





Imperialismo, neoliberalismo y capitalismo son 3 palabras que definen a un sistema criminal y asesino que se enriquece de la opresión y del exterminio de los trabajadores y trabajadoras. El GENOCIDIO de Gaza es el ejemplo inmediato de que los banqueros y los grandes empresarios no dudarán en asesinar a hombres, mujeres, niños y ancianos para obtener su tasa de beneficio, enriqueciéndose de nuestra sangre y de nuestro sufrimiento.



El pueblo palestino lleva sufriendo desde 1917 la dominación de la burguesía internacional, y desde 1948 el exterminio sistemático del Estado de Israel, un estado impuesto por las grandes potencias capitalistas para controlar la zona, poniendo en peligro a millones de personas inocentes, con sus inhumanos planes geopolíticos.



La lucha del  pueblo palestino es la misma lucha que la del pueblo de Ucrania, que la del pueblo andaluz y que la de cualquier pueblo oprimido por el capitalismo, porque nuestros verdugos son los mismos, con diferentes collares: los banqueros y grandes empresarios.



Ayudar al pueblo Palestino es iniciar una lucha para acabar con nuestra propia burguesía, con nuestros propios verdugos. Solo habrá paz en Palestina y en el mundo entero cuando hayamos acabado con la escoria de oligarcas que se lucran de nuestro dolor.









¡ORGANIZACIÓN Y MOVILIZACIÓN!

¡POR LA EMANCIPACIÓN DE LA CLASE TRABAJADORA Y DE LOS PUEBLOS!

¡VIVA PALESTINA LIBRE!



Manifiesto.

El pasado lunes 7 de Julio el estado criminal de Israel inició una nueva operación militar de bombardeo indiscriminado contra el pueblo palestino de la franja de Gaza que ha causado ya 226 asesinatos (de los cuales 49 son niños y niñas), 1685 personas heridas (de los cuales 475 son menores) y la destrucción de más de 1.757 hogares. Una operación que se está realizando, como siempre, sin respetar ningún derecho internacional; bombardeando casas, hospitales, escuelas e incluso suministros de luz y agua, dejando al 90 % de la población palestina sin luz ni agua potable. 

Desgraciadamente, este ataque, al que han bautizado como “Margen Protector”, no representa más que otro episodio de la larga lista de crueles y genocidas agresiones que el estado sionista de Israel viene realizando contra el pueblo palestino desde el año 1967; y más concretamente en  la franja de Gaza desde que en 2004, tras la retirada de todos los colonos israelíes, se convirtiese en un campo de concentración en el que se hayan hacinadas 1`5 millones de personas en 360 Km de terreno. Desde entonces han sido asesinadas más de 3.500 personas; casi todas civiles. Pero además estos ataques se han visto acompañados y agravados por una política de apartheid que ha realizado más de 700.000 detenciones y secuestros de palestinos, muchos de ellos niños; y que ha propiciado la construcción de un muro de 721 km alrededor del territorio -declarado ilegal por la propia ONU- que imposibilita la libre circulación de personas al establecer férreos controles fronterizos y que posibilita una situación de bloqueo económico y humanitario que impide, entre otras cosas, que este pueblo tenga acceso las necesidades más básicas; incluso al material médico tan indispensable en esta situación de emergencia. Y violando así, una tras otra, decenas de resoluciones de la ONU y los más fundamentales derechos humanos.

La historia de Palestina es la historia de un genocidio sistemático: Todo pasa sin que pase nada. Una y otra vez. A la matanza actual le precedió otra, le llamaron “Pilar Defensivo”, noviembre de 2012, 150 muertos, y antes fue “Plomo fundido”, diciembre 2008-enero 2009, 1400 muertos, y “Lluvias de verano” en el verano de 2006, 450 muertos, y “Dias de Penitencia” en septiembre de 2004, y “Cinturón Defensivo” en abril de 2002, en Cisjordania, 545 muertos… Una y otra vez. En la última década, Israel ha asesinado a 2.000 palestinos en operaciones preventivas, mientras continuaba con su política de expansión en Cisjordania y Jerusalén, y sometía a la Franja de Gaza a inhumanas restricciones para convertir la zona en un lugar inhabitable.

Pero los misiles no son las únicas armas del Estado de Israel contra Palestina. Tal como reveló el representante de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados, Mads Gilbert, quien ha trabajado mucho tiempo en Gaza y vivió la cruel y asesina operación Plomo endurecido, la situación de los niños y niñas de Gaza es intolerable e inhumana:  “Los niños palestinos en Gaza sufren inmensamente. Gran cantidad padece desnutrición por las condiciones impuestas por el gobierno israelí, debido al bloqueo al territorio palestino de Gaza. La anemia es común en todos los mayores de dos años, a los que afecta en 72.8 por ciento. Desnutrición, baja talla y bajo peso afecta, respectivamente, a 34.3, 31.4 y 31.45 por ciento de todos los niños del territorio. Estos índices empeoran, según cada nueva medición. Cuando Israel se porta bien al menos dos niños palestinos son asesinados cada semana, y este patrón se ha mantenido durante los últimos 14 años.”

Ya en 1948, cuando el estado de Israel impuso su independencia al pueblo palestino a sangre y fuego, podemos hablar del comienzo del genocidio: 711.000 palestinos expulsados de sus hogares, 531 aldeas destruidas, once barrios urbanos despejados de árabes, al menos 24 masacres, que incluyeron violaciones, torturas y fusilamientos en masa. Según la Cruz Roja Internacional, la masacre de Deir Yassin le costó la vida a 254 civiles, casi todos ancianos, mujeres y niños. Sucedió algo semejante en al-Damaymah, con un centenar de víctimas. Los pueblos de Eilaboun, Saliha, y Farradiya enarbolaron banderas blancas, pero las milicias judías penetraron en el interior, violando a las mujeres y fusilando a los hombres en edad militar, basándose en que cualquier niño o anciano capaz de sostener un arma podía ser un combatiente.

Todo ello ocurre con la ruin complicidad de la mayoría de la comunidad internacional que, o bien apoya directamente al sionismo -con sus acciones o declaraciones, en los consejos de la ONU que siguen sin condenar ninguna de estas violaciones o impidiendo que este estado genocida y sus dirigentes sean procesados por delitos de lesa humanidad-, o bien permanece impasible ante estos flagrantes crímenes. Y con esta misma complicidad de los medios de comunicación que silencian lo que realmente ocurre allí, que mienten y manipulan presentando a Israel como la víctima cuando no es más que el más cruel de los verdugos, y que nos presentan esta situación como una guerra cuando no es más que un genocidio. 

Es un genocidio porque los sionistas matan indiscriminadamente a todos los palestinos que pueden y encima probando armamento, porque se les considera "sub-humanos" desde las instituciones del Estado de Israel. 

Es un genocidio, y no una guerra, porque Palestina no tiene derecho a administrar su país y su economía. No tiene ejército, no tiene armada, no tiene aviación, no tiene país, no tiene derecho a vivir ni a existir aunque se resistan como héroes a ser aplastados y exterminados. Solo precarias guerrillas que entre todas juntas no administran ni 100 millones de dólares, la gran mayoría de ayuda humanitaria.

Es un genocidio porque la intención del sionismo es exclusivamente la de matar palestinos para expulsarlos de las tierras que aspiran a colonizar y hacer desaparecer a todos los miembros de este pueblo que nacieron y vivieron siempre ahí para matarlos callando, por desgracia nunca mejor dicho.

Es un genocidio porque así lo revela el propio estado de Israel. En un informe elaborado en 1949 por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel, se valoró el problema de los refugiados palestinos en términos puramente darwinistas, que recuerdan los planteamientos de los nazis para justificar el exterminio de judíos, gitanos, eslavos y presuntos asociales. El informe dice lo siguiente:  “Los más aptos y flexibles sobrevivirán de acuerdo con el proceso de selección natural. El resto simplemente morirán. Algunos persistirán, pero la mayoría se convertirán en basura humana, la escoria de la tierra y se hundirán en los niveles más bajos del mundo árabe”.

Por todo ello, solo podemos condenar a este sionismo asesino, manifestar nuestra más enérgica repulsa a este genocidio y exigirle al estado de Israel que termine con esta situación de apartheid, que deje sus operaciones de aniquilación y asolado del pueblo palestino y que regrese a las fronteras fijadas en1967, abandonando todos los territorios invadidos y ocupados desde entonces y los asentamientos ilegales en territorio palestino. Y exigimos, tanto a la UE que rompa el tratado establecido con Israel -como este mismo establece en su segundo artículo si alguno de los dos firmantes viola el derecho internacional-, como al gobierno de nuestro país que condene este genocidio, que deje de ser cómplice de él y que rompa toda clase de acuerdos y relaciones diplomáticas y comerciales con el estado de Israel en tanto en cuanto siga exterminando y persiguiendo al castigado pueblo palestino.

Pero desgraciadamente sabemos que la mayoría de potencias del mundo no moverán un dedo por nuestros hermanos y hermanas de Palestina. Para los banqueros, los grandes empresarios y toda la escoria indigna que mantiene y conserva el sistema capitalista, la vida humana no vale nada. Ni en Palestina, ni en Ucrania ni en Andalucía ni en ninguna parte del mundo donde el capitalismo impere. Lo único que importa para la burguesía son los beneficios. Por eso, debe ser el pueblo, soberano, organizado y movilizado, en Palestina, en Ucrania, en Andalucía y en todos los pueblos oprimidos del mundo, el que acabe con un sistema que nos está exterminando, como clase social y como pueblo. Los tiempos de crisis son épocas de mucho sufrimiento para los trabajadores y trabajadoras, pero también son oportunidades para conseguir un mundo mejor. Solo luchando conseguiremos un mundo mejor, y el que no quiera, no pueda o no se vea capaz, que se eche a un lado, porque el curso de la historia no se detiene ante nada ni ante nadie. Y ahora debe ser el tiempo de la emancipación de los trabajadores del mundo y de los pueblos oprimidos.

¡NO AL GENOCIDIO DEL PUEBLO PALESTINO!

¡BOICOT AL ESTADO DE ISRAEL!

¡VIVA PALESTINA LIBRE!


sábado, 12 de julio de 2014

NO al genocidio en GAZA. Concentración en Marbella (jueves 17-7-2014)


El pasado 1 de julio comenzaron los bombardeos asesinos del Estado de Israel contra el pueblo de Gaza. Casi un centenar de personas han sido asesinadas (entre ellas más de 20 niñ@s y 10 ancian@s) y cientos de heridos colapsan los hospitales, bajo el ataque constante de las bombas imperialistas. El ejército del Estado de Israel, con el consentimiento de Estados Unidos y de las grandes potencias capitalistas, ha movilizado a 40.000 reservistas y ha desplegado 1500 soldados alrededor de la franja, amenazando con una invasión terrestre.

Pero esto es solo un capítulo más del genocidio del pueblo palestino a manos del capitalismo y del imperialismo. Años de exterminio de un pueblo debido a intereses geopolíticos del capitalismo mundial. Palestina es el ejemplo inmediato y sangrante de que para los banqueros y grandes empresarios, la vida de los trabajadores y trabajadoras no vale nada.

Solo la movilización de los trabajadores y trabajadoras de todos los pueblos del mundo puede parar esta carnicería. Solo con la organización y movilización del pueblo trabajador podremos conseguir la emancipación de la clase obrera y la soberanía de los pueblos.

Por la libertad del pueblo palestino.
NO AL GENOCIDIO EN GAZA.

Concentración en Marbella. Jueves, 17 de julio a las 20:00h. en el templete del parque de la Alameda.

Organizaciones convocantes en Marbella: 15M-STOP Desahucios; 22M Marchas de la Dignidad; CCOO; CUT; IULV-CA; PCA; PODEMOS; SAT; U3R.
(la lista de organizaciones está abierta para aquellas organizaciones y colectivos que se quieran unir a la concentración).

martes, 1 de julio de 2014

Teoría Revolucionaria: "Las tesis de abril" de Lenin


"Las Tesis de Abril" 
Autor: Vladimir Ilich Ulianov, Lenin (escrito en Abril de 1917) 
Edición del análisis: Fundación Federico Engels, 1988

Prólogo del articulista: La dialéctica y el partido bolchevique.

La dialéctica no es un concepto frío e inanimado de los libros de filosofía. La lucha de opuestos se da constantemente en todos los órdenes de la vida y sólo enfrentando la tesis con la antítesis podemos llegar a la síntesis. Nada escapa a esta lucha, ni siquiera el partido bolchevique. Aquéllos que crean que la labor (teórica y práctica) revolucionaria de Lenin y del resto de bolcheviques fue lineal, unánime y consensuada, está muy equivocado. En el partido bolchevique, como no podía ser de otra manera, había total libertad para debatir las diferentes estrategias para acabar con el capitalismo. Eran unos debates imprescindibles, ya que la realidad está en constante cambio y movimiento, y aunque el objetivo lo podemos tener claro, los caminos para conseguir ese objetivo dependen de las condiciones objetivas de la realidad concreta. Por  ello, los debates entre bolcheviques eran encendidos, acalorados e incluso viscerales (sólo hay que leer las actas de los congresos para comprobar cómo se gritaban los unos a los otros). Aquéllos que crean que en el partido bolchevique Lenin mandaba y el resto obedecía, están muy equivocados. Resumiéndolo mucho, el centralismo democrático consiste en la máxima libertad para debatir las estrategias y, una vez votadas, máxima unidad para llevarlas a cabo. Uno de los debates más importantes de la historia del partido bolchevique (y de la historia de la humanidad) se dio en Abril y mayo de 1917.

Tras la revolución democrático burguesa de febrero de 1917, en Rusia se creó un doble poder: el del Gobierno Provisional (el oficial, dominado por la burguesía y que seguía los dictados de las potencias imperialistas occidentales) y el de los Sóviets (comités democráticos de obreros y soldados). La dirección bolchevique de Petrogrado (cuyo comité central estaba dirigido por Stalin y Kamenev) adoptó una actitud ambivalente con respecto al gobierno provisional. El dilema al que se enfrentaba el partido bolchevique era obvio: Rusia era un país atrasado tecnológicamente y, a nivel económico, era principal y mayoritariamente agrícola. A excepción de algunos núcleos urbanos donde la industria se había desarrollado plenamente, la clase proletaria (la única clase revolucionaria) era una minoría, siendo superada con creces por el campesinado y por la pequeña burguesía. Por lo tanto ¿era necesaria la consolidación de una revolución democrático-burguesa que desarrollara las fuerzas productivas del país, algo imprescindible (en teoría) para llegar al socialismo? O dicho de otra manera: ¿el partido bolchevique debía o no apoyar al Gobierno Provisional, fruto (en teoría) de la revolución democrático-burguesa y que debía (en teoría) desarrollar esas fuerzas productivas? E.H. Carr lo resume mucho mejor que yo:

“La revolución de febrero de 1917 trajo de vuelta a Petrogrado, desde Siberia y desde el exilio en el exterior, a una multitud de revolucionarios anteriormente proscritos. (...) los miembros del Soviet, con pocas excepciones, se contentaban con reconocer en los acontecimientos de febrero la revolución burguesa rusa que establecería un régimen democrático-burgués según el modelo occidental, y posponían la revolución socialista a una fecha futura aún indeterminada. La cooperación con el gobierno provisional era la conclusión de este punto de vista, que compartían los dos primeros dirigentes bolcheviques que regresaron a Petrogrado: Kamenev y Stalin.” (E.H. Carr, La Revolución Rusa: de Lenin a Stalin (1917-1929), Ediciones Altaya, 1996, páginas 13).

Kámenev lo tenía claro:

“En lo que atañe al esquema general del camarada Lenin (...) nos parece inaceptable, por cuanto su punto de partida es considerar consumada la revolución democrático-burguesa y prevé la inmediata transformación de esta revolución en revolución socialista” (Kámenev, Pravda, número 27)

En cuanto a la guerra imperialista de rapiña llamada 1ª Guerra Mundial, la mayoría de los dirigentes bolcheviques defendían la teoría del “Defensismo revolucionario”: había que continuar con la guerra pero no con fines de conquista, sino solamente con fines de defensa.

“Mientras el soldado alemán obedezca al Káiser, el soldado ruso debe permanecer en su puesto, contestando a las balas con las balas y a los obuses con obuses. Nuestra consigna no debe ser un ¡Abajo la guerra! sin contenido. Nuestra consigna debe ser ejercer presión sobre el gobierno provisional con el fin de obligarle (...) a tantear la disposición de los países beligerantes respecto a la posibilidad de entablar negociaciones inmediatamente (...) entre tanto, todo el mundo debe permanecer en su puesto de combate” (Stalin, Pravda, 14 de marzo de 1914).

Lenin llegó a Petrogrado la noche del 3 de abril de 1917 con la intención de plantear las nuevas tareas del partido revolucionario y dar un giro a esa actitud ambivalente del Partido Bolchevique con respecto al Gobierno Provisional y a la participación en la 1ª Guerra Mundial. El 4 de abril, Lenin leyó sus tesis en dos reuniones: primero, en una asamblea de bolcheviques (delegados de la Conferencia de toda Rusia de los Sóviets de diputados Obreros y Soldados), y posteriormente, en una asamblea de delegados bolcheviques y mencheviques que deseaban estudiar el problema de la unificación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. “Las tareas del proletariado en la presente revolución”  fueron publicadas en el número 26 de Pravda (7 de abril de 1917). Debido a la controversia que generó las ideas de Lenin dentro del partido bolchevique, se decidió llevar el debate a la Conferencia Nacional del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, el 20 de abril de 1917. Lenin escribió “Cartas sobre la táctica” (escrito entre el 8 y el 13 (21 y 26) de abril de 1917) y “Las tareas del proletariado en nuestra revolución” (escrito el 10 (23) de abril de 1917). “Las Tesis de Abril” se completan con un epílogo escrito por Lenin el 28 de mayo (10 de junio) de 1917.

Otro valor añadido de “Las Tesis de Abril” es que en ellas podemos encontrar  ideas que serían profundamente desarrolladas por Lenin, unos meses después, en “El Estado y la Revolución”.

1. Actitud de los bolcheviques ante la 1ª Guerra Mundial.

Lenin lo tenía muy claro: para un marxista, el problema de la guerra sólo se puede plantear de manera revolucionaria.

“(...) es intolerable la más pequeña concesión al “defensismo revolucionario”. El proletariado consciente sólo puede dar su asentimiento a una guerra revolucionaria, que justifique verdaderamente el defensismo revolucionario, bajo las siguientes condiciones: a) paso del Poder a manos del proletariado y de los sectores pobres del campesinado a él adheridos; b) renuncia de hecho, y no de palabra, a todas las anexiones c) completo rompiento de hecho con todos los intereses del capital. Dada la indudable buena fe de grandes sectores de defensistas revolucionarios de filas (...) y dado su engaño por la burguesía, es preciso aclararles su error de un modo singularmente minucioso, paciente y perseverante, explicarles la ligazón indisoluble del capital con la guerra imperialista y demostrarles que sin derrocar el capital es imposible poner fin a la guerra con una paz verdaderamente democrática y no impuesta por la violencia. Organizar la propaganda más amplia de este punto de vista en el ejército de operaciones. Confraternización en el frente” (Lenin, Las Tesis de Abril, pgs 3 y 4)

Tal como señala Lenin, las guerras no están determinadas por las buenas (o malas) intenciones de los contendientes, sino por el carácter de clase del gobierno que las hace.

“La guerra no ha sido engendrada por la voluntad maligna de los bandidos capitalistas, aunque es indudable que se hace sólo en interés suyo y sólo a ellos enriquece. La guerra es producto de medio siglo de desarrollo del capital mundial, de sus miles de millones de hilos y vínculos. Es imposible salir de la guerra imperialista, es imposible conseguir una paz democrática, una paz no impuesta por la violencia, sin derribar el Poder del capital y sin que el Poder del Estado pase a manos de otra clase, del proletariado (...) Esta revolución  ha dado el primer paso hacia el cese de la guerra. Pero sólo un segundo paso puede asegurar ese cese, a saber: el paso del Poder del Estado a manos del proletariado. Eso será el comienzo de la “ruptura del frente” en todo el mundo, del frente de los intereses del capital; y sólo rompiendo ese frente, puede el proletariado redimir a la humanidad de los horrores de la guerra y asegurarle el bien de una paz duradera.” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 33)

Cuando se abandona una política de clase, es terriblemente frecuente caer en todo tipo de prejuicios pequeñoburgueses. Eso mismo le ocurrió a la II Internacional con su política social-chovinista apoyando a los gobiernos de sus respectivos países en la 1ª Guerra Mundial. Algunos “socialistas” justificaban el apoyo a la guerra porque las masas trabajadoras, embriagadas por el patriotismo, demandaban un apoyo al gobierno durante la guerra. Lenin lo deja muy claro: hay que estar con las masas, pero no podemos caer en los mismos prejuicios de las masas por miedo a que éstas nos excluyan. Por motivos estratégicos y para evitar caer en el sectarismo, podemos ser flexibles en las formas, pero en ningún caso podemos renunciar a nuestros objetivos para gozar del favor de las masas. Eso es oportunismo.

2. Ningún apoyo al Gobierno Provisional. La Revolución Democrática-Burguesa ha acabado.

Para Lenin, la revolución democrático-burguesa ya se había producido en Rusia. Tal como explica en las páginas 11 y 12 de “Las Tesis de Abril”, antes de la Revolución Rusa de Febrero-Marzo, el poder lo detentaba la nobleza feudal terrateniente y el Zar. A partir de la revolución democrático-burguesa de febrero y marzo, ese poder del Estado pasa de una clase a otra: la nobleza terrateniente pierde el poder del Estado y dicho poder pasa a manos de la burguesía. Ese traspaso de poder entre clases marca el triunfo de la Revolución Democrático-Burguesa. Marxistas dogmáticos como Plejanov se negaban a reconocer este hecho, ya que los frutos de la revolución democrático-burguesa todavía no se habían conseguido. A esto, Lenin responde lo siguiente:

“(...) concretamente las cosas han sucedido de modo distinto a lo que (...) podía esperarse: han sucedido de un modo más original, más peculiar, más variado (...) “La dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado” ya se ha visto realizada (en cierta forma y hasta cierto punto) en la revolución rusa, pues esta fórmula prevé solamente una correlación de clases, y no la institución política concreta que realiza esta correlación (...) “El Sóviet de Diputados Obreros y Soldados”: ahí tienen ustedes, ya plasmada por la vida, “la dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y los campesinos (...) La dictadura democrático-revolucionaria del proletariado y el campesinado ya se ha visto cumplida, pero en forma extraordinariamente original” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 11 y 12)

A pesar de todo, Lenin no duda en señalar el carácter reaccionario del Gobierno Provisional de Kerensky, Lvov y compañía, cuyo carácter democrático-burgués es muy limitado, similar a la propia burguesía rusa, empantanada con la aristocracia zarista por miles de lazos económicos y familiares.

“La burguesía instaurada en el Poder ha formado un bloque (una alianza) con elementos manifiestamente monárquicos (...) El nuevo gobierno burgués (...) ha intentado e iniciado negociaciones con los Romanov para restaurar la monarquía en Rusia. Encubriéndose con fraseología revolucionaria, este gobierno entrega los puestos dirigentes a los partidarios del antiguo régimen y se esfuerza por reformar lo menos posible todo el aparato del Estado (ejército, policía, burocracia), poniéndolo en manos de la burguesía (...) Deja intacta la propiedad terrateniente del suelo, base material del zarismo feudal. Este gobierno no piensa siquiera en investigar, hacer públicos y controlar los manejos de las organizaciones financieras monopolistas, de los grandes bancos, de los consorcios y cártels capitalistas, etc. Las carteras más importantes y decisivas del nuevo gobierno (los ministerios del Interior y de la Guerra (...) de todo el aparato destinado a oprimir a las masas) se hallan en manos de monárquicos notorios y de partidarios reconocidos de la gran propiedad terrateniente (...) Kerenski, representante de los Trudoviques (grupo de demócratas pequeñoburgueses populista y rural (nota del articulista) y “socialista por añadidura”, no desempeña más papel que el de adormecer con frases sonoras la vigilancia y la atención del pueblo” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 24)

En conclusión, los Sóviets de diputados obreros, soldados y campesinos NO debían apoyar al Gobierno Provisional, por su carácter capitalista (fruto de la revolución democrático-burguesa) y por sus raíces con el zarismo (debido a la debilidad de la burguesía rusa).

3. ¡Todo el poder para los Sóviets!

Tal como dije en el prólogo, en Rusia existía un doble poder: el del Gobierno Provisional (que carecía de poder real) y el de los Sóviets (que tenía todo el poder en sus manos). 

“...La peculiaridad esencial de nuestra revolución, la que más imperiosamente requiere una atención reflexiva, es la dualidad de poderes, surgida ya en los primeros días que siguieron al triunfo de la revolución. Esta dualidad de poderes se manifiesta en la existencia de dos gobiernos: el gobierno principal, auténtico y efectivo de la burguesía, el  “Gobierno Provisional” (...) que tienen en sus manos todos los órganos de poder, un gobierno suplementario (...) encarnado en el Sóviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado, que no dispone de los órganos de Poder del Estado, pero que se apoya directamente en la indudable mayoría absoluta del pueblo, en los obreros y soldados armados (...)” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 26)

No obstante, los Sóviets no eran conscientes de su propio poder y se sometían y subordinaban voluntariamente a la autoridad del Gobierno Provisional.

“el Sóviet (...) de Petrogrado (...) entrega voluntariamente el Poder del Estado a la burguesía y a su Gobierno Provisional, le cede voluntariamente la primacía, suscribiendo con él el compromiso de apoyarle, y se contenta con el papel observador (...) En un Estado no pueden existir dos poderes. Uno de ellos tiene que reducirse a la nada, y toda la burguesía de Rusia labora ya con todas sus fuerzas (...) para eliminar, debilitar y reducir a la nada los Sóviets de Diputados Obreros y Soldados, para crear el Poder único de la burguesía.” (Lenin, Las Tesis de Abril, pgs 26 y 27)

¿Y por qué los Sóviets cedían voluntariamente ese poder? Lenin señala varios motivos. El primero, por la influencia dañina del reformismo pequeñoburgués.

“Rusia está hoy en ebullición. Millones y decenas de millones de hombres que se habían pasado diez años aletargados políticamente, en quienes el espantoso yugo del zarismo y los trabajos forzados al servicio de los terratenientes y de los fabricantes habían matado toda sensibilidad política, han despertado y se han incorporado a la vida política.” ¿Y quiénes son esos millones y decenas de millones de hombres? Son, en su mayoría, pequeños propietarios, pequeños burgueses, gentes que ocupan un lugar intermedio entre los capitalistas y los obreros asalariados. Rusia es el país más pequeñoburgués de toda Europa. Esta gigantesca ola pequeñoburguesa lo ha inundado todo, ha arrollado al proletariado consciente no solo por la fuerza del número, sino también ideológicamente; es decir, ha arrastrado y contaminado con sus concepciones pequeñoburguesas de la política a grandes sectores de la clase obrera (...) Una actitud de confianza inconsciente hacia los capitalistas, los peores enemigos de la paz y del socialismo; eso es lo que caracteriza la política actual de las masas en Rusia (...) La debilidad numérica del proletariado en Rusia, su insuficiente conciencia de clase y su deficiente organización: he ahí el reverso de la medalla” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 27 y 28)

“Sólo luchando contra esa inconsciencia confiada (lucha que puede y debe librarse únicamente con las armas ideológicas, por la persuasión amistosa, invocando la experiencia de la vida) podremos desembarazarnos del desenfreno de frases revolucionarias imperantes e impulsar de verdad tanto la conciencia del proletariado como la conciencia de las masas.” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 28)

Segundo motivo: porque los bolcheviques eran minoría dentro de los Sóviets.

“Reconocer que, en la mayor parte de los Sóviets de diputados obreros, nuestro Partido está en minoría y, por el momento, en una minoría reducida, frente a un bloque de todos los elementos pequeñoburgueses y oportunistas- sometidos a la influencia de la burguesía y que llevan dicha influencia al seno del proletariado (...) Explicar a las masas que los Sóviets de diputados obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y que, por tanto, mientras este gobierno (los soviets) se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptado especialmente a las necesidades prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, propugnando al mismo tiempo la necesidad de que todo el Poder del Estado pase a los Sóviets de diputados obreros” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 5)

No obstante, Lenin no tiene la menor duda de que los Sóviets (asambleas democráticas) en cada barrio, fábrica, campo y cuartel son la futura forma de gobierno del pueblo, no sólo para organizar la vida económica, política y social del pueblo, sino también para rechazar los intentos de la burguesía y del zarismo para recuperar el poder.

“El Estado, en el sentido estricto de la palabra, es un poder de mando sobre las masas ejercido por destacamentos de hombres armados alejados del pueblo. Nuestro nuevo Estado naciente es también un Estado, pues necesitamos de destacamentos de hombres armados, necesitamos del orden más severo, necesitamos recurrir a la violencia para reprimir despiadadamente todos los intentos de la contrarrevolución, ya sea zarista o burguesa (...)”  (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 52)

Para impedir la contrarrevolución, es imprescindible la creación de milicias armadas bajo control de los Sóviets, o, lo que es lo mismo: el pueblo en armas.

“...La sustitución de la policía por la milicia del pueblo es una transformación que se ha derivado de todo el proceso revolucionario y que se está realizando actualmente en la mayoría de los lugares de Rusia (...) Sólo hay un medio de impedir la restauración de la policía: crear una milicia popular y fusionarla con el ejército (sustitución del ejército permanente por el armamento de todo el pueblo). A esta milicia deberán pertenecer absolutamente todos los ciudadanos y ciudadanas, desde los quince hasta los sesenta y cinco años (Lenin, Las Tesis de Abril, página 36)

Por otra parte, la opinión expresada por Lenin sobre el término "democracia" en es, a la vez, científica y práctica: científicamente, la democracia es una forma de Estado y los comunistas estamos a favor de la desaparición de cualquier Estado. No obstante, la palabra “democracia” está muy arraigada en la conciencia de la clase trabajadora. Por este motivo, siempre que se destine a labores de agitación y propaganda para atraer a las masas, se puede hacer uso de dicha palabra, siempre que se diferencie entre “democracia” burguesa y la democracia de los Sóviets (la auténtica democracia).

“La democracia es una de las formas del Estado, y nosotros, los marxista, somos enemigos de todo Estado. (...) Hay que mirar hacia adelante y no hacia atrás, no hacia la democracia de tipo burgués habitual, que afianzaba la dominación de la burguesía habitual con ayuda de los viejos órganos de administración, de la policía, el ejército y la burocracia monárquicas. Hay que mirar hacia adelante, hacia la nueva democracia naciente, que va dejando ya de ser una democracia. (...) La palabra “democracia”, aplicada al Partido Comunista (...) es una anteojera puesta al pueblo revolucionario que le impide emprender con libertad, intrepidez y propia iniciativa la edificación de lo nuevo: los Sóviets de diputados obreros, campesinos, etc., etc., como único Poder dentro del “Estado”, como precursor de la “extinción” de todo Estado.” (Lenin, Las Tesis de Abril, pgs 52 y 53)

Conclusión: a nivel científico, los marxistas no luchamos por la “democracia” (ya que la “democracia” es una forma de Estado y nuestro objetivo final es acabar con la existencia de cualquier Estado) pero los marxistas sí luchamos por el sistema más democrático que ha conocido la historia de la humanidad, y que las masas identifican como auténtica democracia: la libertad de decidir nuestro propio destino a nivel económico, social y político de forma libre, igualitaria y solidaria, acabando con las clases sociales, con los opresores y los oprimidos. Sólo así el ser humano será libre.

4. La cuestión agraria.

La cuestión agraria no era un tema precisamente baladí en la Rusia de principios del siglo XX, no sólo porque el país, a nivel económico, era casi exclusivamente agrario, sino porque el grueso del ejército zarista estaba formado por campesinos. Lenin tenía que buscar un equilibrio en su proyecto de Reforma Agraria, que limitase la tendencia del campesinado a convertirse en un pequeño propietario pero sin quitarle la ilusión ni el incentivo de producir alimentos para el nuevo sistema proletario. La solución, de nuevo, está en los Sóviets: aunque la tierra es propiedad del nuevo Estado proletario, a nivel local los campesinos tienen la libertad de organizar la producción a través de los sóviets de campesinos y braceros. Sólo con el ejemplo práctico y la explicación paciente y constante, los campesinos abandonarán la pequeña hacienda y se orientarán a la gran colectivización, necesaria para el desarrollo industrial del país.

“...como partido del proletariado, tenemos la obligación absoluta no sólo de presentar sin demora un programa agrario (...) sino también de propugnar (...) diversas medidas de realización inmediata. Debemos exigir la nacionalización de todas las tierras (...) que todas las tierras existentes en el país pasen a ser propiedad del Poder Central del Estado (...) prohibir todo subarriendo de la tierra (...) 
Mas el derecho de disponer de la tierra y a determinar todas las condiciones locales para su posesión y disfrute, no debe encontrarse en modo alguno en manos de la burocracia, de los funcionarios, sino plena y exclusivamente en manos de los Sóviets de diputados campesinos regionales y locales. Para mejorar la técnica de la producción de cereales, aumentar las proporciones de ésta, desarrollar las grandes haciendas agrícolas racionales y efectuar el control social de las mismas debemos tender dentro de los comités de campesinos a transformar cada finca terrateniente confiscada en una gran hacienda modelo, bajo control de los Sóviets de diputados braceros (...) 
el Partido proletario debe explicar que el sistema de la pequeña hacienda (...) no está en condiciones de liberar a la humanidad de la miseria ni de su opresión. (...) el Partido del proletariado debe exhortar a los campesinos a efectuar sin tardanza y por propia iniciativa las transformaciones agrarias y la confiscación inmediata de las tierras de los terratenientes por acuerdo de los diputados campesinos en cada lugar.” (Lenin, Las Tesis de Abril, páginas 37 y 38)

5. El Internacionalismo efectivo.

La II Internacional fracasó definitivamente cuando fue incapaz de superar sus prejuicios chovinistas tras el estallido de la 1ª Guerra Mundial, y cada partido socialdemócrata apoyó los intereses (capitalistas) de sus propios países en la contienda, colaborando de facto en el asesinato mutuo de la clase obrera internacional a manos de intereses capitalistas. En ese momento, Lenin rompió definitivamente con la II Internacional y la consideró una herramienta herida de muerte. Por lo tanto, su objetivo era crear una nueva Internacional auténticamente revolucionaria. 

“Debemos llamarnos Partido Comunista, como se llamaban Marx y Engels. Debemos repetir que somos marxistas y que nos basamos en el Manifiesto Comunista (...) Los obreros no tienen patria: la “defensa de la patria” en la guerra imperialista es una traición al socialismo. (...) (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 51)

“Sólo hay un internacionalismo efectivo, que consiste en entregarse al desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria dentro del propio país, en apoyar (por medio de la propaganda, con la ayuda moral y material) esta lucha, esta línea de conducta, y sólo ésta en todos los países sin excepción. Todo lo demás es engaño y manilovismo” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 41)

“Estamos obligados, nosotros precisamente, y ahora mismo, sin pérdida de tiempo, a fundar una nueva Internacional Revolucionaria, proletaria; mejor dicho, debemos reconocer sin temor, abiertamente, que esa Internacional ya ha sido fundada y actúa.” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 49)

Lenin se refiere a grupos auténticamente internacionalistas revolucionarios como “El grupo Espartaco” en Alemania (con Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo), parte del Partido Socialista Británico y del Partido Laborista Independiente, el Partido Socialista Obrero de Estados Unidos de América, etc (hay una lista detallada en las páginas 44, 45 y 46 de “Las Tesis de Abril”). Para describir cómo debe ser la actuación de un verdadero internacionalista revolucionario, Lenin pone como ejemplo a Carlos Liebknecht.

“Carlos Liebknecht ha hecho un llamamiento a los obreros y soldados de Alemania, invitándoles a volver las armas contra su propio gobierno. Y lanzó este llamamiento abiertamente, desde la tribuna del Parlamento (Reichstag). Luego, llevando consigo proclamas impresas clandestinamente, se encaminó a la plaza de Postman, una de las mayores de Berlín, para participar en una manifestación bajo la consigna “¡Abajo el gobierno!” Fue detenido y condenado a presidio, donde está actualmente recluido, como cientos o quizá miles de verdaderos socialistas alemanes encarcelados por luchar contra la guerra. (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 44)

6. La cuestión nacional.

Lenin también aborda el tema de la cuestión nacional en sus tesis. De hecho, no podía dejar de hacerlo, ya que el Imperio Ruso era un monstruo burocrático que mantenía oprimidos a numerosos pueblos europeos y asiáticos. De nuevo, Lenin armoniza el derecho de los pueblos a la autodeterminación con la necesidad de la unión de todos los proletarios del mundo.

“...en la cuestión nacional, el partido del proletariado debe defender, ante todo, la proclamación y realización inmediata de la plena libertad a separarse de Rusia para todas naciones y nacionalidades oprimidas por el zarismo (...) El partido del proletariado aspira a crear un Estado lo más grande posible, ya que eso beneficia a los trabajadores; aspira al acercamiento y la sucesiva fusión de las naciones; mas no quiere alcanzar ese objetivo por la violencia, sino exclusivamente por medio de una unión libre y fraternal de los obreros y las masas trabajadoras de todas las naciones” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 39)


7. Epílogo del articulista: Lenin contra el dogmatismo.

La exposición científica de Lenin convenció a la mayoría de los bolcheviques, que votaron a favor de esta nueva línea estratégica. En cuanto a los líderes bolcheviques en Petrogrado, Stalin abandonó la postura del “Defensismo revolucionario” y apoyó las tesis de Lenin, mientras que Kamenev siguió creyendo que Rusia debía pasar por una etapa democrático-burguesa que desarrollara las fuerzas productivas.

Para concluir, quiero simplemente señalar que la idea fundamental de “Las Tesis de Abril” es la misma que se desprende de todas las obras de Lenin, esto es, que el marxismo no es un dogma inalterable ni una fórmula infalible para conseguir el éxito en los procesos revolucionarios. En “Las Tesis de Abril” Lenin tuvo que repetir principios del método marxista que, para todo marxista que se considere como tal, ya deberían estar más que asumidos:

“El marxismo exige de nosotros que tengamos en cuenta con la mayor precisión y comprobemos con toda objetividad la correlación de clases y las peculiaridades concretas de cada momento histórico. Nosotros, los bolcheviques, siempre nos hemos esforzado por ser fieles a este principio, incondicionalmente obligatorio si se quiere dar un fundamento científico a la política. “Nuestra doctrina no es un dogma, sino una guía para la acción” decían siempre Marx y Engels, burlándose con justicia de quienes aprendían de memoria y repetían, sin haberlas digerido, “fórmulas”  que, en el mejor de los casos, sólo podían trazar las tareas generales, que necesariamente cambian en correspondencia con la situación económica y política concreta de cada período particular del proceso histórico” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 10)

“...el marxista debe tener en cuenta la vida misma, los hechos exactos de la realidad, y no continuar aferrándose a la teoría del ayer, que, como toda teoría, únicamente traza, en el mejor de los casos, lo fundamental, lo general, y sólo de un modo aproximado abarca la complejidad de la vida” (Lenin, Las Tesis de Abril, pg 12)

La realidad objetiva manda.

Juanjo Muñoz.